Monday, October 29, 2012

Los porculeros del metro de Paris.

Hace tiempo que queria escribir este post, aunque no he tenido hasta ahora la ocasion de hacerlo. Tampoco las ganas, que a uno esto de escribir hay veces que le aburren como las obras de Gongora. Tal vez, tambien, porque la situacion me ha parece tan natural desde que llegue a Paris, que he acabado por aceptarla como algo cotidiano, como un gesto casi anodino, pero que en realidad esconde una falta de escrupulos, educacion y solidaridad con los que pagamos el transporte publico fuera de toda duda. Me refiero a ese gesto tan Parisino de pasar, con permiso o sin el, detras de un usuario sin pagar, evitando asi la puerta vertical del torno de entrada. El sujeto o la sujeta, que de todo hay en la vida del señor, se te acerca cuando estas a punto de pasar el torno del metro o del RER. Preferiblemente, es el RER el mas sabroso de los bocados de los porculeros, por aquello de que es mas caro. Y zas, se te pega como una sanguijuela a tu trasero y pasa contigo. Dos por el precio de uno. Por una parte, el sujeto pasivo lo es doblemente: una, fisicamente , y otra economicamente, puesto que son recursos que se detraen de un fondo comun y que van en contra de toda logica empresarial. A la ratp eso le importa bien poco, nunca ha sido rentable. Raro es la semana en la que no me sucede un par de veces el acto o fenomeno del porculeamiento. Todo hay que decirlo, pocos franceses de pura cepa son adictos a este deporte. En España, solo los quinquis en una epoca se atrevian a hacer algo parecido. Aqui en Francia, con esto de la liberte y los ismos, todo es mas laxo. No hay guardias de seguridad en cada una de las estaciones para vigilar. Y cuando los hay, nadie salta, evidentemente. Y claro, asi tenemos los emulos de Stephane Caron o la Monique Tourret de turno. Saltadores de vallas profesionales aquellos, porculeadores y saltadores de tornos estos. Cuento los dias , menos de mil, para dejar de utilizar el metro de Paris y sufrir el porculeamiento fisico y financiero.

Sunday, October 28, 2012

La autoescuela de la Republica.

´Salgo de paseo, con mi utilitario por Madrid, y un Alfa Romeo va chupando rueda detras de mi. Yo coqueteo como es natural hasta que veo en el retrovisor, horror, que miedo tan mortal, que me persigue un orangutan...´. El orangutan. Luz Casal, 1987. Lo confieso, a mis años, todavia no dispongo del carnet de conducir. Yo me veo conduciendo, pero siempre he tenido mas miedo que siete viejas, suelo repetir, en un afan por superar el stress que me producen los vehiculos a motor. Todos mis amigos obtuvieron el famoso carne, con acento en la e y sin la t de rigor, en el año olimpico, 1992, justo rebasada la mayoria de edad. En aquel año, poco o nada me interesaban los coches, aparte de saber su velocidad, las marchas y las revoluciones del motor. Mi unica aproximacion al mundo de las cuatro ruedas habia sido pasar algunos veranos en Alcala recorriendo junto con un vecino todo el barrio y anotando en mi cabeza todos esos datos. Tanto han cambiado las cosas que cuando veiamos un 1430 con motor tuneado nos parecia un formula uno. La fauna automovilistica de entonces no pasada de los 124, los seiscientos, los 131 y el famoso supermirafiori, y los renault fuegos como estandarte de la industria francesa. Volviendo a lo que nos ocupa, todos aprobaron el carne a la primera y yo deje escapar la oportunidad. Los viejos por entonces repetian que, cuanto mas se espera, mas a uno le cuesta. Yo pensaba que era cosa de viejos. En el 2003, decidi que la situacion tenia que cambiar, pero tras aprobar el teorico, el practico se quedo en eso, un proyecto de 13 cursos, mal hilvanados, y de los que recuerdo el stress que me produjo salir por primera vez a la autopista, con el embrague a fondo y no sabiendo bajar de la quinta a la primera una vez tomada la via de deceleracion. Nueve años despues, he vuelto a la aventura, esta vez me digo que sera la definitiva, motivado por poner los pies en polvorosa y conducir un coche automatico. En eso estoy, pero esta vez de un modo mas racional, dejando los sentimientos a un lado y los profesores barriobajeros por otro. Veremos por donde saldran los tiros.